lunes, 25 de abril de 2011

Él estaba muy enamorado

Él estaba muy enamorado.
Su vida estaba planeada por y para ella. Él creía que, junto a ella, nada podía pararle. A su lado, se sentía inmortal.
Estaba enamorado de su dulzura infinita, de lo cariñosa que era. Estaba enamorado de sus labios de fresa, y de su aterciopelado cabello. Adoraba sus cálidos ojos y sus suaves manos. No se imaginaba la vida sin el roce de su electrizante piel, sin la leve caricia de sus labios sobre los suyos, sin las cosquillas que le producía su hermoso pelo cuando la besaba, con pasión, con cariño, con desenfreno, con dulzura.
No quería vivir sin ella, la sola idea le parecía aterradora. Se sentía afortunado de que ella quisiera estar con él, por eso atesoraba cada momento pasado con ella en lo más profundo de su corazón, en una cajita de suaves paredes aterciopeladas.

Más textos de estos buenos tiempos que corren.

jueves, 7 de abril de 2011

Ilusión

Ilusión es sentarse a su lado y sentirse alegre como un niño haciendo una travesura cuando toca su muslo para ver su reacción. Ilusión es sentir que no quiere besar otros labios que no sean los suyos. Ilusión es intentar ponerle los pelos de punta, experimentando como un bebé con un juguete musical. Sentir la mayor alegría posible cuando consigue sonrojarla diciéndole cosas bonitas, eso es ilusión.
Esa necesidad que siente de estar con ella todo el tiempo, de sentir su cercanía, de sentir el roce con su piel. Esa necesidad de oír un "te quiero", de acariciar su pelo. Todo eso, y no otra cosa, es ilusión.

Textos más recientes, referidos en este caso a hechos de la vida diaria.

lunes, 4 de abril de 2011

Ocurrió en otoño

Ocurrió en otoño.
La primera vez que posó su vista sobre ella, no pudo dejar de pensar que Dios había puesto un ángel en la Tierra para él. Se deleitaba con la contemplación de su dulce rostro, le fascinaba la forma en la que reflejaban la luz sus suaves labios de cereza. No pudo sino divagar sobre el perfumado olor de su fragante cabello, que caía en cascada sobre una espalda de proporciones casi divinas, al igual que el resto de su cuerpo. Parecía una estatua tallada en el más bello mármol que hubiese cobrado vida, la más hermosa que jamás había existido.
Cuando habló con ella por vez primera, el suave trino de su voz lo dejó con la boca abierta; le parecía que hasta los árboles se inclinaban para oír mejor su aterciopelada voz. Su risa le pareció como un concierto de ruiseñores.
Estaba fascinado por ella. A su lado, él se sentía patoso. Le parecía que su voz era demasiado fuerte, sus manos demasiado grandes. En general, se sentía ridículo cuando estaba a su lado. A pesar de todo, no podía dejar de alegrarse cuando estaba junto a ella, pues sentirse como el más torpe de entre todos los hombres era un precio muy bajo a cambio de la contemplación de tal hermosura.

 He aquí un retrato semihistórico de hechos reales.

domingo, 3 de abril de 2011

Tenía ganas de ella

Tenía ganas de verla. De devorarla con la mirada, de ver su agradable y cálida sonrisa. Estaba deseando tocar su electrizante piel, fría y caliente a la vez, que le despertaba y le daba ganas de vivir. Tenía ganas de besar sus labios, suaves y carnosos como ningunos otros. Tenía ganas de sentir su aliento en el cuello, lo que despertaba sus más profundos deseos. Tenía ganas de estar con ella, de sentirla suya, de quererla y de que lo quisiese.
Tenía ganas de ella.

También tengo momentos en los que estoy bien... éste fue uno de ellos.

viernes, 1 de abril de 2011

Escritura

Vaya invento la escritura. Puedes conseguir que los demás entiendan lo que sientes, lo que eres, sólo con adornarlo con algunas palabras bonitas, sea alegría tristeza...
O amargura. Amargura por no poder comprenderte a tí mismo, por saber que algo no va bien y no poder hacer nada al respecto. Amargura porque eres demasiado orgulloso para admitir tus errores, pero aún así te arrepientes profundamente de haberlos cometido. Porque haces daño a la gente que más quieres, a gente que no se lo merece. Es entonces cuando recurres a la escritura, cuando un lápiz y un papel son tus mejores amigos, cuando lo has perdido todo, todo, todo.
Cuando no queda nada que sacrificar, cuando todo lo que has sacrificado no es suficiente. Cuando es necesario un pequeño sacrificio, pero no sabes si te queda algo que sacrificar, si es posible, si podrás hacerlo.

Esto fue un mal día, que sin embargo aún recuerdo casi a diario.